Chucky: el legado.

Por Erica Zurr Werra

Cara redonda, pelirrojo y de ojos celestes. Nada puede malir sal… hasta que descubrís que no tiene pilas pero aún se mueve. Icono del cine, terror de las infancias. Recorremos su legado.

Podríamos decir que nací y crecí con Chucky. El nació en 1988 de la mano de Don Mancini, y como nací el mismo año, lo pude conocer varios años después. Esto fue posible, porque se mantuvo en el tiempo y logro capturar a varias generaciones.

Capturar y traumar a varias generaciones… cómo olvidarnos de esos zapatos rojos pasando rápido por detrás de un sillón.

Si bien podríamos encontrar antecedentes en la historia de los muñecos asesinos, los mismos no han tenido gran trascendencia. Cosa que sí pasó con Chucky, que tiene en la actualidad 8 películas, siete de historia continuada y 1 reboot donde intentan actualizar el software del muñeco y actualizar la historia sumando tecnología al motivo de su maldad.

Centrándonos en las primeras 7, para los desconocidos de la historia, nos encontramos con Charles Lee Ray, un asesino serial aficionado al Vudú, que para burlar a la muerte, traspasa su alma al cuerpo de un muñeco de la marca “Good Guys”.

El problema es que cuanto más tiempo pase dentro del muñeco, pierde posibilidad de volver a un cuerpo humano. La única solución es realizar un ritual con la primera persona a la que le dijo su nombre verdadero y tomar su cuerpo.

Aquí entra el pobre Andy y empiezan los asesinatos y persecuciones.

Este 2022 la película cumplió 34 años y sigue más viva que nunca, contando con una serie en Star+, la cual ya va por su segunda temporada.

Y si bien podemos debatir lo buena o mala que puede ser, hay algo que es innegable, los muñecos que toman vida siguen siendo atractivos.

Chucky apareció en una época dominada por los asesinos seriales, el género de los slashers y los exorcismos. Ya teníamos a la triada más famosa: Michael Myers, Freddy Krueger y Jason Voorhees.

Mancini agarró este movimiento y le sumó el ingrediente del muñeco endemoniado y su dueño: el niño de 6 años.

Si bien en la primera película no vemos ni muchos asesinatos, ni mucha sangre, el objetivo estaba cumplido: cada vez que un niño se fuera a dormir, miraría con desconfianza a sus muñecos. Años después, vendría Toy Story para mostrarnos el otro lado de la moneda.

Otros de los desafíos que tuvo esta franquicia, fue la de crear literalmente un muñeco, un animatronic para que sea el protagonista.

Hasta hoy en día, ni el CGI pudo superar visualmente a los modelos originales de las primeras 3 películas, fueron varios, a gusto personal el utilizado en la segunda película fue el mejor logrado, tanto por el look, como también por la fluidez de los movimientos faciales.

De hecho, sus creadores dicen que nunca más pudieron recrearlo de esa forma, que siempre algo fallaba, y la verdad que se nota… sobre todo en las últimas dos películas, “La maldición de Chucky” y “Chucky 7”.

Si pensamos en la historia en sí, no podemos negar que a partir de “La novia de Chucky” de 1998 en adelante, fue de mal en peor, de hecho todas fueron para el cine en casa, nada de estreno en las grandes pantallas.

Hubo muchas fallas en la narrativa, las actuaciones y sobretodo, el ir dejando en el camino el terror para transformar a Chucky en casi una comedia de bajo presupuesto.

Sí, me gustan los chistes de Chucky, pero no exagerados o en exceso.

Lo que sí está claro, es que si hoy tenemos una serie en pantalla que va por su segunda temporada, a lo mejor lo importante no es la historia en este tipo de personajes, sino verlo a él corretear y matar gente sin más motivos que ser un Phyco Killer.

Como punto a favor, la serie trae a muchos de los personajes originales, es continuación directa de las películas y supo meter la comedia justa.

Es tan importante este muñeco, que hasta tiene su propio documental, estrenado este año. Se llama “Living With Chucky” y está dirigido por Kyra Elise Gardner, hija de Tony Gardner, uno de los responsables de efectos visuales de “Child´s play” de 1988.

Kyra analiza el impacto de este clásico, mezclándolo un poco con su propia experiencia al convivir con las réplicas de Chucky en su casa, llevados por su padre.

Dura 100 minutos y podemos analizar y observar, como el filme original pudo abrirse paso en el cine de terror e inspirar posteriores personajes.

Es probable que Chucky haya marcado el camino para muchos de los juguetes parlantes que vemos hoy en pantalla, ya sea en el cine de terror actual, como Anabelle (2014) o en el futuro con la próxima película de James Wan “M3gan” (2023).

Así como también influenciado otro tipo de géneros, como el cómico con “Ted” (2012) y hasta arriesgaría que tiene su pisada en los video juegos como en el terrorífico “Five Nights at Freddy ´s”.

A pesar del trauma que pudo ocasionar en las infancias de muchos niños, Chucky tiene un lugar especial en la estantería de cualquier juguetería… digo en cualquier catálogo de cine.

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