El increíble “rayo de la muerte”, a 79 años del último adiós a Nikola Tesla.

Por César Salazar

La ciencia y la opinión pública caminan lateralmente, así la genialidad y la locura. Y no es un caso extraño el que toda mente brillante convoque el idilio de pensar hacia una opacidad futura. Más cuando se trata de un hombre que se convirtió en adoración de masas, y un referente de la cultura popular. Hoy recordamos el epitafio de aquel genio que descubrió la corriente alterna.

El 07 de Enero de 1943 el New Yorker hotel, en la ciudad de Nueva York, fue testigo de su muerte. Allí donde vivió y trabajó durante sus últimos días (y esto gracias a su sobrino quien fungía como embajador de Yugoslavia en Norteamerica); mientras perdía la cordura y su carácter se corrugaba casi como su rostro (el escultor Frederick Moynihan le realizó su máscara mortuoria), sus últimos arrebatos de lucidez renegaron de toda invención o prototipos que no se le atribuyeran directamente a él. Fue el períodico ABC, quien publicó la nota de su deceso, bajo el encabezado:

Muere el padre del rayo de la muerte.

ABC

Así fueron sus últimos años.

Nació en 1856 en Smiljan, un pueblo entonces perteneciente al Imperio Austrohúngaro, hoy parte de Croacia.

En el primer esbozo de su vida a cargo de la biógrafa Margaret Cheney, vemos a un científico bastante fuera de cajón, mistificado e incluso abrumado por Alba Edison. Algo importante es que el rayo de la muerte es el adjetivo de una visión febril y pretenciosa (por parte de los medios en aquellos años), y por otro lado, contrapuesta a los paradigmas científicos de su tiempo.

Algo real dentro de esta mitología, es que sus inventos fueron innegables y siguen funcionando hoy día.

Entre ellos están la bobina (o transformador eléctrico), luego el transmisor amplificador (imprescindible para las telecomunicaciones hoy en día). Tesla mantuvo una apuesta por el sistema inalámbrico a nivel mundial, pues sentía un fervor por el poder de la naturaleza y planeaba modificar el sistema de energía eléctrica a través de la geotérmia cosa que intentó con la turbina sin aspas.

También el polémico generador eléctrico de vibraciones, mejor conocido como el Oscilador Tesla, con el cual afirmaba podría derribar edificios o incluso partir la tierra por la mitad. Ni hablar luego de los Rayos X, un prototipo que fracasó en su tiempo, esto debido al incendio que destruyó su laboratorio en 1895.

Son múltiples sus aciertos, pero ¿de verdad su legado fue roto debido a la ominosa rivalidad con Alba Edison?

Tesla lo admiraba. Incluso fue quien lo motivó a mudarse a Norteamérica bajo la firme ilusión de que apoyara sus inventos y lograra modificar el sistema eléctrico a la corriente alterna. Algo que resulta confuso al momento de analizarlo luego de un siglo, es la falta de carácter de Edison para aceptar tal deslumbramiento y el ego que no lo laceraba más que sus inversores millonarios.

A Tesla lo marginaron los inversores arribistas cuando intentaba hacer crecer la Tesla Electric Ligth and manufacturing, empresa fundada por él mismo.

A pesar de esto, Tesla no compró la idea de monopolizar su conocimiento e incluso amafiarse políticamente para obtener el poder y el beneficio gubernamental. Es insidioso creer que la ciencia siempre va a luchar por el bienestar público, pero no era así, finalmente.

El Premio Nobel de la Ciencia del año 1909 se lo llevó Marconi, supuesto inventor de la radio; ese mismo aparto con el que logró emitir una señal de radio a través del océano Atlántico, dependía de un total de 17 patentes desarrolladas por Nikola Tesla.

Ese opacamiento lo condenó hasta los últimos días de su vida, e irónicamente le fue devuelto por el gobierno en 1943.

El rayo de la muerte es una respuesta a la frustración que debió haber sentido ante el mundo burocrático e intelectual de Nueva York. Así como el obituario lo señaló en tinte burlesco o indiferente, el inventor sentía la necedad científica correr por sus venas. Era su haz bajo la manga. Y también sería la solución a todos sus problemas, al ego de los hombres mundanos seducidos por el poder de la guerra y ese círculo vicioso que carcome la lucidez.

La idea se sustentaba en un prototipo que emitiría una concentración de energía tal que sería capaz de alcanzar 400 mil kilómetros de distancia. Era de esperarse que el gobierno a través del FBI buscarían los planos para entregarlos al departamento de defensa durante la última etapa de la II guerra mundial.

Pero el mito apenas comenzaba a gestarse.

Tesla ha sido objeto de culto a través de los años. A pesar de haber sido olvidado por un público cada día más voraz y vertiginoso, e la actualidad se le recuerda como lo que fue: un inventor de genialidades. Su figura ha permanecido en la literatura, la música (Tesla) , en los cómics y el cine, a través de películas no sólo de corte biográfico, también inspiradas en su legado.

Ha inspirado a cientos de científicos alrededor del mundo, y si no preguntemos a Elon Musk.

Aunque es dramático pensar en que su victoria no fue en vida, siempre premiaremos ese halo de virtud y de locura que lo caracterizaron. Quizá es la propia incomprensión que vivió en su tiempo lo que nos invita a recordarlo en este día; reinventar el halo de espiritualidad y de férrea doctrina humanista es complejo en estos tiempos en los que establishment exige mucho más que el propio valor ético que implica la evolución y el desarrollo de la ciencia. Pero era un revolucionario y de eso no hay duda.

Y en sus propias palabras:

…A lo largo del universo hay energía: ¿es ésta estática o cinética?.. En el primer caso nuestras esperanzas son vanas, en el segundo —y esto lo sabemos con certeza— no es más que cuestión de tiempo para que los hombres tengan éxito en sincronizar su maquinaria con los engranajes mismos de la naturaleza“.

Deja un comentario