“Film” de Casino Shangai: la primera gran performance electrónica de México.

Por Stephany Peña

Cuando Estados Unidos llegó a la luna por primera vez, lo primero que hizo fue clavar sobre ella una
bandera de su país como si fuera su nuevo territorio, fue colonizarla, expandirse. Los primeros encuentros siempre revelan mucho de la personalidad de las partes encontradas: el medio se presenta con la humanidad, y luego la humanidad se presenta con el medio. Cuando México se presentó por primera vez con el synthpop sucedió algo llamado Film de Casino Shangai.


Casino Shangai es de esas bandas mexicanas que deberían ser más famosas, pero probablemente no lo son porque no son extranjeras.

Esta banda tiene el mérito de haber incursionado en el synth pop en este país por primera vez. A principios de los años 80, no había mucha producción de música electrónica en México, casi ninguna. La música aún sufría la censura que fue aplicada a la contracultura después del movimiento del 68, cuando Díaz Ordaz persiguió todo lo que remotamente pareciera una congregación de jóvenes y las formas en que estos se expresaban.

La música más popular estaba muy controlada por esta censura, y la que no, estaba lo suficientemente escondida para no tener que rendir cuentas a las autoridades u otra clase de castigo social. En esta contracultura encontramos a Casino Shangai.


Esta banda era un monstruo de Frankenstein, ya que el proyecto estuvo conformado por integrantes de diferentes grupos relevantes de la escena alternativa mexicana de esta década. Ulalume Zavala (voz) y Walter Schmidt (sintetizadores) provenían de Size, una banda de punk y new wave; Carlos Robledo (sintetizadores) del grupo de rock progresivo experimental Decibel, y Humberto Álvarez (batería electrónica) de Música y Contracultura. Uniendo todas estas partes, se obtuvo un grupo con un sonido new wave con ánimo de experimentar y romper el sonido popular hasta ese momento.

El panorama mexicano alternativo no estaba del todo preparado para lo que estaba a punto de suceder.


Su primera presentación fue en bar gay, El Nueve6, de la Ciudad de México como un performance, pero transgrediendo la propia naturaleza efímera del performance, los participantes decidieron seguir como una agrupación.

“Film”, su única producción discográfica, fue publicada en diciembre 1985 con ayuda del sello alternativo Comrock, una marca propiedad de Chela Braniff y Juan Navarro. En 2013 fue digitalizado en la Fonoteca Nacional y remasterizado en Universal Studios. Sus apariciones en televisión despertaron la polémica y la curiosidad de una banda sin guitarra y una batería tradicional.

Lo que logró Casino Shangai con este disco, fue llevar la música electrónica a ámbitos donde nunca antes había estado, a un país que no la acostumbraba y más allá de solo ser algo bailable.

Imagen extraída de la página oficial de la banda.

Experimentación pura. El hecho de que haya nacido de una performance no es menor, porque este disco captura toda la esencia de uno. La naturaleza de una performance, expresada también en “Film“, es la exaltación de una emoción o una idea, llevarla al máximo para su propia liberación. No tiene que ser directa, puede ser abstracta y se da a la tarea de acceder al plano de la fantasía para ello, de lo intangible, de jugar con el mundo de las ideas y ser honesto al mismo tiempo.

Imagen tomada de la página oficial de la banda.

Y después de su acto, la performance debe morir, porque es efímera, porque su existencia es en un lugar y momento preciso. “Film” fue el único disco de Casino Shangai, ya que la agrupación desapareció poco tiempo después. Tenía muchos puntos en contra tomando en cuenta su contexto: el auge de Rock en tu Idioma dejó fuera a este grupo que principalmente cantaba en inglés y hasta francés, lo cual los dejaba fuera de este mercado y excluía a mucho público hispanohablante.

Probablemente este fue su punto más débil, pero entendible: el eurocentrismo, imitando un poco lo que se producía en Europa.

No había mucho espacio para ellos; eran extraños en el rock, eran extraños en el pop y hasta en la música
electrónica. Todo eso junto con el distanciamiento de los miembros del proyecto, llevó a este a su desaparición. Sin embargo, el performance, aunque tiene una vida corta aparentemente, deja un impacto duradero.

Casino Shangai tuvo el mismo efecto en la escena alternativa mexicana. Para empezar, fue llamativo que en los 80, en un país tan misógino, el primer encuentro del synth pop con México fuera a través de la voz de una mujer.

La voz de Ulalume es perfecta para esto: es melodiosa, está entrenada, pero no tiene miedo a expresarse de diferentes formas, a gruñir, a gemir, incluso a ejecutar el canto operístico en ‘Hommage’.


imagen extraída de Pinterest

Es teatralidad que no era tan común en la escena mexicana ochentera. Son emociones expresándose a sí mismas, la tristeza y el vacío.


Lo más revolucionario de este disco, fue la propuesta estética, la introducción del sintetizador. Este
instrumento tiene siempre una actitud vanguardista por una razón: crear música profesionalmente es más
accesible gracias a la tecnología, y las posibilidades de creación son casi infinitas. ‘Film’ introdujo a la música elementos que no eran considerados instrumentos tradicionales: la batería eléctrica, el sintetizador, incluso los sonidos de automóviles en “If you dance”. Sus letras están repletas de metáforas, de figuras retóricas que no tienen ninguna interpretación literal, sino poética.

Imagen tomada de la página oficial de la banda.


México de los ochentas aún no estaba preparado para Casino Shangai.

Una propuesta musical que transgredió desde la forma de hacer música técnicamente, la introducción de nuevos elementos paraproducir un sonido único, hasta una propuesta estética única. Antes de que Nina Hagen introdujera la ópera a la música alternativa con Naturträne, y antes de que bandas como My Chemical Romance celebraran la muerte y la tristeza, existió un disco único en México que lo hizo, que hoy es considerado de culto, y que fue la primer gran performance electrónica que vio este país.

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