La era de las mega adquisiciones

Por Adolfo Aguirre

Presenciamos tiempos bastante curiosos: donde el mercado se ha acomodado en el campo de batalla, acercándose cada vez más al modelo de suscripciones y menos al de las colosales producciones a sesenta o setenta dólares. Las mega adquisiciones que estamos viendo en la industria de videojuegos son el resultado de algo que se venía hablando desde hace tiempo: el costo de desarrollo de los juegos ya ha rebasado la línea de sustentabilidad.

Microsoft inició, al menos bajo los reflectores, una carrera por adquirir tanto talento y propiedades como podían bajo sus alas corporativas para nutrir la oferta de Xbox.

Ninja Theory, Double Fine Productions y otros fueron algunos de los equipos que llevaron consigo, emocionando a quienes disfrutamos de este pasatiempo de la posibilidad de ver más juegos de estos fantásticos equipos.

Pero fue la adquisición de ZeniMax Media, la compañía que posee a Bethesda, y más recientemente la de Activision Blizzard, lo que causó olas de ruido en la industria como nunca antes. Esta semana, Sony anuncia la adquisición de Bungie, desarrolladores del popular juego de disparos Destiny, y estamos viendo la consolidación de grandes franquicias bajo las guaridas de unas cuantas mega corporaciones. En otro lado del campo de batalla, Amazon y Google cuentan también con profundas carteras y es en adquisiciones como éstas donde pudiera estar su rebanada del pastel.

Imagen: Destiny 2, Bungie.

Es difícil hablar de cómo sentirse al respecto de todo esto. Por un lado, es emocionante saber que muchas franquicias tan amadas pudieran continuar o renacer bajo un nuevo mando (después de todo, no las compraron para tenerlas guardadas). La especulación de otras posibles adquisiciones de sagas abandonadas resulta intrigante, cuántas personas no quisieran ver a Silent Hill de regreso. Sin embargo:

¿es una industria dominada por mega corporaciones lo que realmente queremos ver?

Vamos a toda velocidad hacia una industria que pudiera ser terriblemente hostil para el creador pequeño, y eso no es bueno para la creatividad ni para nadie. En el lado optimista, estas grandes transacciones corporativas significan también la inmediata estabilidad laboral para miles de trabajadores. Yo mismo lo he vivido y sé el gran respiro y posibilidades que esto puede abrir para tu vida cuando tu empresa tiene ahora una nómina asegurada, situación que muchos sabemos no es un hecho todo el tiempo.

Con costos de desarrollo cada vez más elevados ante las exigencias de un mercado cada vez más demandante y competitivo, el punto de equilibrio se vuelve inalcanzable para la mayoría de las producciones.

Vender siete u ocho millones de unidades de cada juego del catálogo first-party de Sony, Microsoft, o quien sea, no solamente es difícil, es sencillamente imposible.

Los corporativos transicionan así al catálogo por suscripción y con ello al mundo donde el valor de la propiedad intelectual es la carta a jugar. Tener bajo sus alas marcas valiosas como Call of Duty y Crash Bandicoot o Destiny y Spider-man es el gancho que atraerá suscriptores, y el vasto catálogo lo que definirá la retención.

Quitar el peso a los estudios de una meta de ventas puede ser la gran revolución que necesitamos en cuanto a la sustentabilidad de la creación de contenido.

Battletoads, Xbox Game Studios.

En el cine y televisión vimos la formación de Netflix y más adelante la consolidación de una fuerte competencia en servicios tales como HBO Max y Disney+. Hoy, en los videojuegos, estamos presenciando la formación en vivo de los primeros competidores.

Serán tiempos emocionantes, y de mucha cautela también.

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