STRANGER THINGS: El pánico satánico desmenuzado (Parte II).

Por Stephany Peña

Hablando de invocaciones satánicas imaginarias, los cristianos y evangélicos más extremos, los protagonistas de toda esta persecución, no resistieron la tentación de apuntar otro culpable: el rock y el heavy metal. No es como que este género de música nunca haya estado en la mira de acusaciones de asociaciones diabólicas antes, ese vínculo ha existido siempre.

¡¡Esto es música!!

Desde ese rumor en el que Robert Johnson vendió su alma al diablo por talento al estilo Paganini, hasta los movimientos de cadera profanos de Elvis Presley, el rock y el metal han sido condenados por la oposición cristiana casi desde su origen. Sin embargo, para autores conservadores como Bob Larson:

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El satanismo insertó sus semillas en el rock contemporáneo cuando Mick Jagger exclamó: Sólo llámame Lucifer y toma mi manoSympathy for the Devil

Bob Larson

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Pero los Rolling Stones no eran los únicos involucrados en corromper las mentes jóvenes. Además de todo lo sucedido con Charles Manson, los Beatles no estaban en la gracia de los cristianos desde que una revista sacó de contexto una declaración de John Lennon al decir que son “más grandes que Jesús”.

Con el Álbum Blanco también llegó una controvertida canción llamada “Revolution 9”, sobre la cual se creó una leyenda de que si ponías la canción al revés, podías escuchar mensajes subliminales que la banda había dejado ahí; así fue como mucha gente encontró que la canción también podía decir cosas como “Satán, mírame, por favor”.

Esta técnica se llamaba backmasking, consiste en que los sonidos son grabados a la inversa para que parezcan ocultos, y fue el marco de muchas controversias relacionadas con la música. Se creía que de esta forma se dejaban “mensajes satánicos subliminales”.

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Los mensajes enmascarados pueden ser escuchados subliminalmente, pudiendo inducir a los oyentes al sexo y el uso de drogas, en el caso específico del rock”.

Gary Greenwald, predicador cristiano fundamentalista.

A Led Zeppellin se le señalaba porque a Jimmy Page le fascinaba el ocultismo, y según muchas personas “expertas”, cuando ponías ‘Stairway to Heaven’ al revés podías oír a Robert Plant diciendo “sweet Satan” (dulce Satán) o frases tan elaboradas como:

Oh, aquí está mi dulce Satán. Aquel cuyo estrecho camino me hiciera triste, cuyo poder es de Satán. Él le dará a aquellos el 666, había un pequeño cobertizo donde él nos hacía sufrir, triste Satán”.

Estas acusaciones fueron rechazadas por la banda. En 1985, demandaron a Judas Priest debido a un pacto suicida de dos estudiantes en Nevada. Uno de ellos sobrevivió, y sus familiares afirmaron que el álbum “Stained Class“, contenía mensajes ocultos, que las palabras “Do it” (Hazlo), eran supuestamente audibles cuando la grabación se examinaba al revés y las letras denotaban “suicidio“.

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El caso fue desechado después de que se presentaron evidencias de que los jóvenes habían crecido en un ambiente “violento y depresivo“. Los miembros de Judas Priest también comentaron que si ellos quisieran insertar órdenes subliminales en su música era contraproducente hacer morir a sus fans, y que en dado caso preferirían introducir el mandato “compra más de nuestros discos“.

El grupo KISS también estaba en la mira: decían que se vestían como demonios y que su nombre significa “Knights In Satan’s Service” (Caballeros al Servicio de Satanás) o algo así, porque ni siquiera entre ellos se ponían de acuerdo, algunas personas creían que la ‘K’ podía ser de ‘Knights’, o ‘Kings’ (reyes), o ‘Kids’ (niños). Sólo ellos saben qué quisieron decir.

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Tampoco se salvaron bandas como Twisted Sister, Mötley Crüe, Mercyful Fate, Alice Cooper, o AC/DC.

Canciones como ‘Shout at the Devil”, “Highway to Hell“, o portadas como la del álbum “Born Again” de Black Sabbath, no pasaban desapercibidas por los grupos religiosos.

Durante este pánico se esparcieron historias de terror, como la de un adolescente de 15 años que cometió un homicidio triple inspirado por “Eddie”, la mascota de Iron Maiden.

Muchos padres prohibieron escuchar a sus hijos esta clase de música, y algunos estaban tan preocupados, que formaron un comité llamado Parents Music Resource Center, gracias al cual, tras un largo juicio, hoy tenemos ese sticker en los discos que dice “Parental Advisory: Explicit Content”.

Hoy este sticker es el preludio de un disco jugoso, bueno en muchas ocasiones, pero en los ochentas significaba depravación, y tiendas como Walmart no se arriesgaban a vender discos que tuvieran ese sello.

El miedo era real. ¿Alguna vez te preguntaste por qué los matones de las películas ochenteras son punks o metaleros?

Porque esta era la idea que los grupos conservadores tenían de estas subculturas, pensaban que eran peligrosos, cuando en realidad, estas personas eran las que en muchas ocasiones eran abusadas o agredidas.

Se pensaba que eran personas “incivilizadas” (lo que sea que eso significaba), raros, sin metas en la vida ni dirección. En Stranger Things, los habitantes de Hawkins tienen una idea de Eddie como una persona peligrosa capaz de cometer los más horribles delitos en nombre de Satanás, cuando en realidad era una persona juguetona que no dudaba en salir al rescate de sus amigos y de un pueblo que lo rechazó.

Eddie Munson pudo haber sido melómano y amante de muchos géneros musicales, pero la decisión de que fuera fan del rock y el metal, fue un detalle de precisión histórica.

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¿Víctimas? ¡Víctimas! Cuando Dustin le da la señal, Eddie arranca la plumilla que cuelga de su propio cuello en un collar.

Chrissy, esto es para ti”,

Dice Eddie, antes de comenzar a tocar “Master of Puppets” sobre un tejado.

Lo único que se sobrepone a la oscuridad de la escena, son los relámpagos que aparecen ocasionalmente coloreando el cielo de rojo.

No hay bajo, ni batería, sólo está el fuerte sonido de una guitarra conectada a un amplificador barato, los pesados riffs, probablemente los más famosos del thrash metal, que ahora suenan como un reclamo. Es ira, por la muerte de una joven inocente, y por la persecución injusta de la que Eddie es víctima.

En el Otro Lado nadie lo persigue, pero nadie lo rescata. Aunque el Pánico Satánico fue una paranoia basada en creencias endebles y prejuiciosas, en males imaginarios, sus secuelas fueron todo menos inofensivas. Para principios de los noventa, la policía estadounidense acuñó el término “abuso ritualístico satánico” oficialmente, y debido a esto, el miedo colectivo comenzó a tener repercusiones legales sobre personas completamente inocentes.

Las víctimas de abusos sexuales fueron desestimadas debido a que este pánico desviaba sus acusaciones hasta convertirlas en historias absurdas, orillando a las autoridades a centrarse en los detalles exóticos que nunca estuvieron en las demandas reales.

Las investigaciones se hacían infructuosas y las víctimas no recibían justicia. No quiere decir que no existe o nunca haya existido el abuso organizado, sin embargo, la paranoia satánica trajo mucha desinformación para tratar estos temas, lo cual resultaba en un tratamiento completamente insensible del problema, desvirtuando sus denuncias. La charlatanería no se hizo esperar.

Muchos supuestos “expertos en satanismo” hicieron sus apariciones en los medios de comunicación, haciendo afirmaciones desinformadas como la asociación de símbolos como los pentáculos y los hongos a estas ‘redes satánicas’.

Además, eran los ochenta: la gente no relacionaba los suicidios de sus hijos con la depresión o un contexto angustiante, sino con la influencia de la cultura pop en sus vidas.

Se escribieron libros y artículos en revistas consumidos por muchas personas alimentadas de este terror. Muchas guarderías, cuidadores y terapeutas fueron privadas de su libertad y acusadas injustamente de participar en estas sectas. Los grupos evangélicos más extremos eran los que más provecho obtenían de infundir este pánico.

Aunque Stranger Things hace guiños a muchas aristas de este fenómeno, probablemente la referencia más directa que hicieron fue al caso de los Tres de West Memphis. Imagina que eres un adolescente estadounidense que le gusta vestir oscuro, el heavy metal, y que lo único que has hecho es ser el raro en un pueblo conservador. Ahora imagina que te culpan de un triple homicidio que no cometiste, solo por la idea que el pueblo tiene de ti, porque según ellos, tú perteneces a un culto satánico; y con esta acusación se sella todo tu futuro para siempre. Esto es algo que no solo le sucedió a Eddie Munson, sino que en la vida real le sucedió a Damien Echols.

Los Tres de West Memphis fue un grupo de adolescentes acusados del homicidio de tres niños en 1993.

Cuando los cadáveres de los niños fueron encontrados en el bosque, la policía pensó que sus muertes habían sido parte de un ritual satánico, sospecha que puso a este grupo de adolescentes en la mira de las autoridades. La única joven que testificó en su contra lo había hecho a partir de amenazas y presión de la policía. Sin ningún otro tipo de evidencia contundente y con testimonios de falsos expertos en ocultismo, se les declaró culpables: Damien Echols fue condenado a muerte y los otros dos, Jason Baldwin y Jessie Misskelley, Jr., a cadena perpetua.

Pasaron 18 años en la cárcel pagando por el crimen que alguien más cometió. No fue hasta el 2011 que con una evidencia de ADN se comprobó su inocencia. Sin embargo, para obtener su libertad tuvieron que apegarse a la doctrina Alford, en la que se reconoce su inocencia, pero a los ojos de la ley aún son culpables. Eso significa que no se puede juzgar a nadie más por ese crimen, por lo tanto, el verdadero homicida de esos niños es completamente libre.

¿Y qué tiene qué ver Metallica con todo esto?

Una serie de documentales dirigidos por Joe Berlinger y Bruce Sinofsky llamada “Paradise Lost” fue constante con el registro del caso, y la primera entrega supuso el primer precedente en el uso de música de la banda para una película, lo cual atrajo atención al caso.

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Gracias a esta película, parte considerable de la opinión pública simpatizó con el caso al punto de solicitar otro jucio para los Tres, así como empezaban a surgir movimientos a favor de su liberación. En cartas que Echols había escrito de joven y que fue forzado a leer durante su juicio, citaba a Shakespeare, a Aleister Crowley, y por supuesto, fragmentos del álbum “…And Justice for all” de Metallica.

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Esta era de las bandas favoritas de Jason y Damien. La inclusión de “Master of Puppets” funciona como una dedicatoria -consciente o no- a las víctimas del pánico satánico: a quienes fueron abusados y violentados, culpados injustamente, linchados o perseguidos por no seguir la etiqueta social. “Master of Puppets” es para los raros del pueblo.

Pero el Pánico ya pasó, ¿o no?

El pueblo de Hawkins busca resarcirse de un supuesto terremoto de ocho grados. Entre los volantes de las personas desaparecidas está el de Eddie Munson, que no ha sido visto desde su incriminación. De vez en cuando su tío tiene que cambiar los volantes porque la gente dibuja cuernos o escribe groserías sobre el retrato de su sobrino. Eddie murió en el Otro Lado defendiendo una ciudad que lo odia y que no sabe de su inocencia ni su sacrificio. Parece que ya terminó el Pánico Satánico, pero como dice el dicho, misteriosos son los caminos de Satanás.

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A pesar de que este fenómeno tuvo su origen en los Estados Unidos de los ochenta, su alcance fue desafortunadamente tan grande que no sólo alcanzó otras geografías, sino que su influencia sigue vigente.

El Pánico Satánico es la razón por la cual tus papás le tenían miedo a los Pitufos, a Pokemón y hasta a cantar el “Aserejé”. Incluso explica por qué algunas personas rechazaron la vacuna contra COVID-19.

Es uno de los gérmenes de varias paranoias actuales como Pizzagate, o QAnon, una teoría de conspiración que sostenía que el presidente Donald Trump fingía ser un incompetente para poder detener de manera más efectiva a los pedófilos en el gobierno que lo rodeaban, pedófilos que, además de practicar ritos satánicos y abuso sexual, también traficaban niños para extraer sus hormonas y hacer sueros que les proporcionarían la eterna juventud.

Cuando Lil Nas X estrenó el videoclip de “MONTERO (Call me by your name)”, un sector conservador de la población se sirvió de la paranoia satánica para intentar censurar el video, acusaciones que además, están teñidas de homofobia.

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Al morir 10 personas en el festival de música Astroworld, también se intentó recurrir al pánico satánico para “explicar la tragedia”.

El Pánico Satánico no ha terminado porque es fácil caer en él debido a la enorme emocionalidad que provoca. Y aunque ahora sabemos que si pones un disco de Slayer no va a salir el diablo a jalarte los pies, olvidar que hubo un tiempo donde un terror como este era real y colectivo es arriesgarnos a volver a vivir las repercusiones de un fenómeno fuera de control.

Y qué mejor manera de no olvidar que con una serie como Stranger Things.

Imagen extraída de: https://gossipify.com/

Posdata: si lees este artículo al revés vas a notar que dice “no creas todo lo que lees”. Es más, duda de este artículo si quieres.

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