The Supremes: estrellas fugaces de una corporación.

Por Kevin Alcaraz

Cuando América sentía el rigor de la invasión británica a mediados de los sesenta, inmediatamente, se depositaron las esperanzas de réplica en grupos como The Beach Boys, The Monkees o The Byrds. Sin embargo, pocos sospechaban que la mejor objeción que tenía Estados Unidos a los Beatles se gestaba dentro de la que, por algunos años fue, la empresa propiedad de personas afroamericanas más grande del mundo.

Todo comenzó en 1961, cuando Florence Ballard, Mary Wilson, Betty McGlown y Diana Ross, cuatro dulces adolescentes salidas del icónico Brewster-Douglass Housing Projects de Detroit, fundaron una banda llamada The Primettes; en honor a lo que después sería todo un fenómeno de la música sesentera: The Temptations.

Luego de múltiples audiciones, por fin fueron firmadas por el célebre Berry Gordy para su emergente sello discográfico: Motown Records. La agrupación cambió su nombre inmediatamente a The Supremes y, casi de forma simultánea, pasó a ser un trío vocal tras la repentina salida de McGlown.

Rápidamente, comenzaron a llamar la atención en la escena local gracias al perfecto equilibrio protagónico de sus integrantes, las bellas canciones que les componía Smokey Robinson, y sus excelentes actuaciones en público libres de todo lip-synching, algo sumamente aventurado para la época. Sin embargo, las chicas no parecían trascender más allá del estado de Michigan.

“They don’t scream or wail incoherently. An adult can understand nine out of every 10 words they sing. And, most astounding, melody can be clearly detected in every song.”

The Detroit News

Todo cambió con la publicación del álbum Where Did Our Love Go en 1964.

Gordy, unilateralmente, había decidido que Diana pasaba a ser la voz principal del grupo, y que ahora estarían bajo las alas de Holland-Dozier-Holland, la fuerza compositora más importante del país, quienes, de igual forma, se encargarían a partir de este punto de componer para muchos de los artistas más grandes del sello, como Four Tops, Marvin Gaye, The Isley Brothers, y, claro, el acto insignia: The Supremes

También, se decidió que cada integrante adoptaría una imagen más extravagante y lujosa de lo que muchas estrellas se habían atrevido antes. Las tres se envolvieron en vestidos de noche de alta costura, pelucas, maquillaje detallado, guantes largos, joyas a juego y complejas coreografías de baile.

La canción homónima al álbum, Baby love y Come see about me las posicionaron como verdaderos iconos nacionales e internacionales, capaces de atraer al público joven y adulto al tiempo que su glamorosa puesta en escena rompía las barreras raciales con la audiencia blanca norteamericana.

Para 1966, con el lanzamiento del histórico The Supremes A’ Go-Go, el cual se convirtió en el primer álbum de un grupo femenino en alcanzar el puesto de honor de Billboard, desplazando al mismísimo Revolver de los Beatles, la Motown derrocó al Brill Building como la casa productora más rentable de occidente. Sin mencionar que Ballard, Wilson y Ross, se convertían en las primeras personas negras en aparecer en portadas de revistas y ser los rostros de un sinfín de productos comerciales, todo gracias a una nueva serie de himnos como Stop! In the name of love, You can’t hurry love o You keep me hangin’ on.

 “The reigning female rock ‘n’ roll group”

Time

Sin embargo, la excesiva atención de Gordy con Diana, con quien incluso tenía una relación amorosa, no solo tensionó a la banda, sino a la disquera entera.

Además, Florence quien no apreciaba del todo su posición secundaria dentro de la agrupación, siendo que ella fue quien la orquestó en su génesis, atravesaba una grave depresión que la hizo ganar peso por lo que sufría para ajustarse a la estricta imagen de sus pares. Las hostilidades no se hicieron esperar y esta sería despedida el 21 de febrero de 1966.

Cindy Birdsong fue la elegida para entrarle al quite en un proyecto que de a poco se caía a pedazos. Berry decidió incorporar menos elementos soul y más psicodélicos en las nuevas producciones, así como cambiar el nombre de la banda a Diana Ross & The Supremes, emulando lo hecho por Martha Reeves & The Vandellas y Smokey Robinson & The Miracles. Ambas decisiones no fueron recibidas con mucho entusiasmo.

Por si fuera poco, en 1968, el trío compositor Holland-Dozier-Holland se desvinculó de la Motown por lo que perdían uno de sus bienes más valiosos. Además, con el auge de la contracultura y la lucha por los derechos civiles, temáticas que la agrupación no tenía intención de explorar, fueron sometidas al escrutinio público, declarándolas como no lo suficientemente negras para la época, y como un grupo adoctrinado por la sociedad blanca para poder ser asimilado.

Durante el siguiente par de años solo sobresalieron los sencillos Love child y Someday we’ll be together, antes de darse la inminente salida de Diana Ross en 1970, quien ya tenía tiempo coqueteando con la idea de emprender una carrera en solitario.

“The Supremes sounded modern, upwardly mobile, and stylishly sensual in a way that appealed equally to adults and teens of all persuasions.”

Encyclopedia Britannica

Tras esto, la agrupación no volvió a colocar canción alguna en la cima de Billboard y media docena de rostros nuevos desfilaron dentro de la banda, hasta que el 12 de junio de 1977 se llevó a cabo su último concierto oficial, siendo Mary Wilson la única sobreviviente de los miembros originales.

Con los setentas y ochentas, llegó la consagración de Diana Ross como la diva original de la música.

Siguió contando con el incondicional apoyo de su mentor, amante y patrocinador. Apareció en algunas películas, en programas de televisión, encabezó decenas de veces las listas de popularidad hasta convertirse en un icono universal de la música. Tristemente, el resto de sus compañeras no corrieron con la misma suerte.

Ballard, quien en 1971 había demandado, sin éxito, a la disquera por forzar su salida del trío, cumplió la condena de ser señalada como la villana de la historia.

Entró en un espiral de depresión, alcoholismo y deudas hasta su muerte por un ataque cardíaco con solo 32 años de edad.

No fue hasta el año 2000 en que se estuvo cerca de formalizar alguna reunión de las Supremes con Ross, Wilson y Birdsong. Todo estaba en su lugar, pero se vino abajo cuando se reveló que la primera cobraría 15 millones de dólares por la esperada gira, la segunda 4 millones y la última menos del millón. La moción fue abortada, cada quien regresó a sus trincheras y no se volvió a hablar del tema.

Con la lamentable muerte de Mary el año pasado parece ser un buen momento para dimensionar el impacto del trío en la cultura general. Son ampliamente reconocidas como la agrupación femenina más exitosa de todos los tiempos. Además, con sus más de 15 apariciones en el show de Ed Sullivan y su sofisticada combinación de soul y R&B allanaron el camino para un sinfín de actos similares durante las décadas venideras.

Aún así, parece que siempre quedará la sensación de que se pudo lograr algo más de no ser por la cuestionable administración por parte de aquellos hombres de cuello blanco dentro de la firma discográfica. También es probable que la tremenda fama alcanzada no hubiera sido posible de no ser por las decisiones tomadas en el escritorio y la oficial. Fuese como fuese, el legado de las Supremes trasciende cualquier número o idea que se procure adherir a sus nombres.

“The Beatles were there, but I was more eager about The Supremes. I was really into girl groups.”

Madonna

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