“Tiempos modernos”: humor y filosofía del trabajo.

Por Iracheta

Aparentemente lo cómico no tiene nada que ver con el “análisis” de la explotación. En apariencia también el humor, la risa o lo prosaico no tendrían nada de filosófico. Quizás una breve aproximación a Tiempos modernos (1936) de Charles Chaplin nos ayude a apreciar lo que de filosófico hay en la risa, y lo que la risa y el humor pueden tener de filosófico. ¿Es posible que la imaginación cómica capte el momento en el que la vida es despojada de su vitalidad, esto es, de su movilidad, de su flujo constante o su carácter irrepetible? ¿Acaso el humor y el cine mudo de Chaplin nos ponen en contacto con la división estructural del sujeto, así como de nuestra vida cotidiana?

Señalemos de entrada que la imitación cómica no puede ser de la vida completa del otro, en todo caso inaprensible, pues se imita o se hace mofa de aquello que en ese otro se ha vuelto mecánico y uniforme (trátese de gestos o de frases recurrentes).

De acuerdo con Henri Bergson solo se pude imitar aquello que la vida tiene de “extraño a nuestra personalidad viviente” (La risa, 1985:48), en este sentido lo cómico en su función de imitar o caricaturizar a alguien, aislando automatismo que se ha introducido en el sujeto exhibirá una forma de alienación o de extrañamiento que sería imposible para el “pensamiento serio” o para lo que podemos denominar como la filosofía de las grandes y sonantes cosas.

Tiempos modernos nos ofrece una escena extraordinariamente ilustrativa de ese automatismo, de la extensión-introducción maquinal en el cuerpo del sujeto y de la producción del mismo como desecho viviente.

La conocida escena frenética, en donde el trabajador es devorado por la máquina nos permite apreciar, a través del humor y la risa, la mecanización de la vida moderna.

La lectura más inmediata de la escena consistiría en señalar que el sujeto se convierte en un engranaje, pues vemos como es devorado por la maquinaria. Sin embargo, la genialidad de escena consiste quizás en que la maquina no tritura al trabajador, se trata de una escena en reversa en donde el cuerpo es devuelto-restituido por esa especie de “maquinaria con reflujo.”

El sujeto no es incorporado en el mecanismo totalmente, es “reensamblado” en la “vida normal” pero ya como un loco (justo antes de entrar en “la boca” de la maquinaria leemos en la pantalla “He’s crazy!!!).

 La “salida” de la máquina nos permite pensar a la subjetividad y el cuerpo que han sido producido en ese extraño estatuto de estar dentro y fuera de la máquina, de estar poseído por la máquina al grado de mecanizar la realidad. En este punto quizás sea posible postular el paso de “Tiempos modernos” a los tiempos post o hiper modernos en donde otro Charlot encarnaría por un lado, la “demanda pura de voluntad de cumplimiento, sin memoria humana” tal y como lo señalan Sandra Somoza y Carlos Catuogno en Maquiavelo ligth. Una crítica del trabajo en la modernidad tardía (2007) y por otro, a los “no garantizados” o el nuevo tipo de obrero al que se refiere Felix Guattari en Mircropolítica.

Prestemos atención a lo primero que hace Charlot después de salir del mecanismo. Trata a las tetillas y a la nariz de su compañero obeso como si fueran tuercas, las pinzas adoptan la forma de unas grandes orejas y la persecución de la mujer nos dejan ver que ya no hay una distinción entre lo humano y las maquinas, entre lo humano y las piezas. El plexo de útiles, la remisión estricta de unas herramientas a otras en el mundo de la fábrica es alterado.

¿Sigue siendo útil este ser trastocado? Máquina, engrane, tetilla, cuerpo, órganos, herramientas, cuerpo animal, son indiscernibles.

Lo anterior, tiene una estrecha relación con la lectura que Marx nos ofrece en su Escritos a propósito del trabajo alienado y las relaciones (a)sociales que ahí se instauran:

En la relación del trabajador enajenado, cada hombre considera, pues, a lo demás según la mediada y la relación en la que él se encuentra consigo mismo en cuanto trabajador

Escritos, 1993:117

De ahí pues que, si el sujeto deviene una pieza o una herramienta, tarde o temprano lo otros también jugaran el papel de meras cosas.  Lo cómico así, consiste en la extensión de la mecanización y la lógica instrumental a través del cuerpo y las alucinaciones del trabajador.

Al caer en la locura el trabajador se vuelve un cuerpo desechable, un cuerpo inútil a cuál ya no se le puede extraer fuerza. El “vientre de la maquina” revela lo que sucede dosificadamente a su exterior, esto es, el deboramiento de la vida. Esa escena nos hace pensar también que, si se quiere explotar al máximo al sujeto, hay que colocar a trabajador en perverso equilibrio entre alienación y funcionalidad; “equilibrio” que hoy por hoy quizás se traduce a la demanda y el requisito laboral de “saber lidiar con el estrés” o de “disponibilidad y adaptabilidad a los cambios.”

¿Qué tipo de cuerpo o qué sujetos es ese que se vuelve altamente eficaz?

Aquel que es habitado y abatido por la máquina, por el órgano, los procesos y los dispositivos, pero que no se ha vuelto loco del todo.

Previo al momento de locura tenemos en escena un momento foucaultiano de panoptismo.

El sujeto se toma un descanso (que no dura ni un minuto), pero le resulta imposible fumar su cigarrillo, pues permanentemente es observado. Radicalicemos esa escena:  tomemos el intento de “perder el tiempo” como el último gesto de la lucha a muerte en el núcleo de la subjetividad, entre la norma externa y el intento del individuo por dominar la voluntad del adversario (Amo). En la holgazanería y los conatos de pelea con los compañeros habría aún una cierta contención, cierta forma de lidiar entre lo que demanda el Otro y la propia libertad. 

¿Y si la mirada del otro (la gran pantalla en el baño) ya no es externa, sino que de hecho se ha incorporado al sujeto de tal forma que lo que llamamos conciencia no es más que la observación de ese Otro, pero ahora desde lo que consideramos como el pensamiento o la determinación más íntima?

Pensemos en que el Otro (el jefe) no le observa materialmente, es decir que se trata más bien de una mirada y de un domino que se ha interiorizado, una vez interiorizado la voz de su amo, alucina su rostro, alucina su mandato de “no perder el tiempo y de regresar al trabajo” y de ahí en adelante actúa para él, es la ley de ese otro que regula los movimientos del sujeto.

Finalmente, si como apunta Bergson:

una de las formas esenciales de la vida cómica consiste en representarnos al hombre vivo como una especie de muñeco articulado y que generalmente, para sugerirnos esta imagen, se nos muestra dos o tres personas que hablan y obran como si realmente estuviesen ligadas por hilos invisibles“.

La risa, 1985:105
ilustración por Luis Demano. Extraída dehttps://www.agenciasinc.es/Visual/Ilustraciones/El-20-de-abril-de-1900-el-filosofo-Henri-Bergson-publica-su-libro-La-Risa#results

¿No tiene todo esto relación con la vida alienada que llevamos fuera de la fábrica de Chaplin? ¿No es nuestra vida cotidiana una versión atenuada del fantoche de hilos, esto es, de un juguete en manos de alguien que se divierte a sus expensas, de un juguete que es hablado por la cultura y por los diversos ordenes simbólicos y prácticos en los que se mueve?  

José Carlos López Iracheta

Es licenciado en Filosofía (2012) y maestro en humanidades (2017) por la Universidad Autónoma de Chihuahua.Doctorante en pedagogía crítica por el IPECH. Ha publicado en diversas revistas entre las que destacan Analogía y Lacan emancipa de Argentina; así mismo en diversos medios de comunicación locales. Autor de Cultura y violencia. Reflexiones en torno a la alteridad, marginación y justificación de la violencia (2017) y Niñez sacer e hiperviolencia. Micro politicas y (de) posiciones de lo infantil y lo juvenil (2021). Cuenta con colaboraciones en los libros Filosofía, ciencia y verdad en Martin Heidegger (2020) y Filosofía y política. De platón a nuestro días (2020). ha imprtido múltiples asignaturas de filosofía y de teología contemporánea, así como análisis de la violencia a personaldedicado al área de seguridad pública.

Áreas de interés y de investigación: filosofía de la cultura contemporánea, difusión de la filosofía y pedagogía crítica, el análisis de las violencias y la cultura popular desde el cruce entre la filosofía y elementos del psicoanálisis.

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