Un alarido de angustia o paranoia violenta, cortante y desesperada: Reseña de Post Void

Por Alejandro Manzano

A lo largo de estas seis reseñas de videojuegos que he tenido el placer de escribir para The Jack, creo que he dejado en claro que mi gusto se inclina hacia los juegos con alguna clara ambición artística, formal o estética (juegos que se ganan a pulso el rango de obras). Si bien la industria AAA (los videojuegos de mayor presupuesto y popularidad) definitivamente tiene sus méritos, también es muy cierto que la escena indie (o independiente) con frecuencia cumple el papel de ser la “cantera” para las nuevas ideas, riesgos dementes e innovaciones raras que refrescan el medio. El juego que reseño en esta ocasión, Post Void (2020, PC y consolas) de YCJY Games, no rompe con estas tendencias, pero bien vale la pena aclarar por qué lo considero parte de este digno canon.

Post Void es un FPS (First-Person Shooter, juego de disparos en primera persona), del subgénero sprite-based, o sea que, aunque avanzas por un espacio 3D visto en primera persona, todos los elementos móviles son sprites en 2D, en clara referencia y homenaje al prócer de los FPSs, Doom (1993).

Tomando así lo que en Doom fuera una necesidad tecnológica y convirtiéndola en una decisión estética deliberada, intencional o, lo que es lo mismo, propiamente artística. Otra cosa que Post Void retoma de Doom es su ritmo frenético y extravagante, pero, como diría Spinal Tap, “subido a 11”.

De izquierda a derecha: hijo, padre.

Donde difiere con respecto a Doom es en su progresión y estructura. Mientras que Doom es un juego tradicional en el que vas del Nivel 1 al Nivel 2 y así sucesivamente hasta que llegas al enemigo final o “jefe”, Post Void es un espécimen raro pero indiscutiblemente partícipe de la reciente oleada de roguelikes gourmet.

Una revolución dentro de la revolución indie, el género roguelike adquiere su nombre por referencia a Rogue (1980), un videojuego de RPG de fantasía (una de muchas adaptaciones de Dungeons and Dragons hechas en ese tiempo) sumamente primitivo para nuestros estándares –tanto así que en su interfaz ni siquiera hay sprites, sino que todo se representa con caracteres de texto ASCII (la presencia en pantalla del protagonista no es más que una simple arroba, un monstruo puede ser una K o una G)– pero que, en una de esas maravillosas curiosidades de la historia de la cultura, ha sido retomado por la actual escena indie porque tuvo una idea brillante y chiflada, que apenas ahora hay desarrolladores que se están atreviendo a explorarla a fondo:

En Rogue no hay una progresión lineal del Nivel 1 al Nivel 2 (etc.) pues, cada vez que juegas (y cada vez que mueres y vuelves a empezar) todos los niveles del juego vuelven a generarse aleatoriamente.

Un emocionante combate típico de Rogue. Nótese que en un inicio se jugaba sin colores. (Fuente: Game Developer)

Esta simple idea ha dado pie a verdaderas obras maestras en años recientes, desde que el género roguelike empezó a destacar con Rogue Legacy (2013), a la imperdible readaptación de la mitología griega que es Hades (2018), de la diversión simple de un Dead Cells (2017) hasta el año pasado con ese fervoroso manifiesto de amor por los videojuegos que se llama Inscryption (2021) (gran juego, este último, sobre el que seguramente volveré a escribir).

La fórmula de los roguelikes pudiera de inicio parecer muy simple, pero, bien implementada, engendra obsesión: cada vez que juegas inicias un “run” (“corrida” o “intento”) y cada vez que mueres el juego se reacomoda por completo (aunque por lo general siempre hay “etapas” que van marcando la dificultad de estos); al ir jugando desbloqueas armas, habilidades, items, puntos… vaya, algo que te ayuda a cada vez llegar más lejos. Algunos de estos roguelikes inclusive integran un fuerte aspecto narrativo en medio de todo esto (los ejemplos de Hades e Inscryption son joyas bellas e invaluables), pero Post Void retoma todos estos elementos sin necesidad de una historia clara, al menos no en el sentido tradicional (aspecto narrativo que, por esta vez, no pienso comentar para no arruinarlo).

Lo que hay que mencionar sobre Post Void (casi a modo de advertencia antes de recomendarlo) es que no les miento si les digo que este videojuego literalmente está bien loco. Cada run en serio “corre” a una velocidad alarmante.

“Reflejos” no es la palabra exacta para lo que necesitas para pasarte Post Void. Tiene más bien que ver con entrar en un estado de insane flow, una como empatía profunda con el nivel de pánico estridente en el que funcionan las cosas en este juego. Les reitero: Post Void está bien loco.

Todo corre y grita a madres. Esto que ven no se queda en pantalla ni lo que dura un segundo. Si te detienes a observar el detalle es porque quieres morirte

Quizá lo que en realidad quiero decir es que este juego lo hizo alguien bien loco.

Dos locos, en realidad (los suecos Josef Martinovsky y Christopher Andreasson, que conforman YCJY Games) o, en todo caso, dos personas que disfrutan mucho el estilo estético de la locura (tanto así que uno, estando loco, tiene que asumir al menos que en cierto nivel comprenden cómo es la vida cuando tu cerebro no está tan sano).

Post Void es una experiencia angustiante, intensa, demente, que de run a run te somete a una tormenta de estímulos violentos para todos tus sentidos y, aún así, logra saciarte, aunque el típico run dure menos de un minuto. Esto es porque Post Void echa mano de todo un estilo estético propio de las Zines y comix independientes de los años 80 y 90, no solo en los aspectos visuales, sino también en cómo genera toda una experiencia integral a nivel de juego que hace que tus huidas rápidas slash balaceras sean algo comparable, en toda regla, con la violencia interna irrefrenable de sufrir un ataque de ansiedad.

Típica zine a la que nos remite Post Void y cuyo estilo es inspiración evidente.

Sobra decir que no es un videojuego fácilmente accesible para todo mundo, pero, si te gustan los toques eléctricos o la música post-hardcore, a lo mejor hay algo “padre” para ti en esta experiencia. Yo, por mi parte, lo disfruto mucho y lo respeto por la manera en la que acomoda muchos elementos diferentes para conformar un deliberado tono (sin dejar que la fuerza expresiva de cada uno se le salga de las manos y arruine la cohesión) para, así, lograr un objetivo artístico claro, así YCJY Games escogiera como su objetivo el transmitir la angustia de sufrir y ejercer la violencia y la huída a todo volumen y a alta velocidad.

Este simulador de colapso nervioso incontrolable es sumamente violento y estresante. Lo recomiendo al 100%.

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